Tíbet, la provincia en el cielo

La inmensa meseta tibetana, a los pies de la cordillera del Himalaya, es una de esas regiones de la tierra cubiertas por un velo de misterio y misticismo que siempre despertarán la imaginación del viajero. Gracias a la apertura al turismo y a la mejora en las comunicaciones, visitar el Tibet es ahora más fácil que nunca. El viajero que se anime a explorar este territorio deberá planificar su estancia como un viaje en sí mismo, y no como parte de su recorrido por China.

En primer lugar, hay que considerar las dificultades geográficas; la región es en su mayoría una enorme meseta situada entre los 4.000 y los 5.000 metros de altitud, siendo el mal de altura común entre los turistas. Es obigatorio equiparse tanto conropas de abrigo como con protector solar.

Que hacer en… Tíbet

El palacio de Potala, con sus trece pisos, es simplemente impresionante (Lhasa)

El recorrido de peregrinaje alrededor del templo de Jokhang (Lhasa)

Adentrarse en el Tíbet y visitar el monastrio de Samye

A siete horas de Lahsa se encuentran la ciudad de Shitgatse y el monasterio de Tashilhumpo

Las autoridades chinas son muy cautas en cuanto a los viajeros; si por un lado se intenta fomentar el turismo, por otro se quiere controlar la presencia de extranjeros. La normativa a cerca de los viajes al Tíbet está sujeta a los cambios más aleatorios: generalmente se requerirá un permiso especial (extendido por el Departamento de Turismo del Tíbet), y se deberá formar parte de un viaje organizado con un mínimo de personas y con una estancia mínima determinada. En cualquier caso, el acceso más sencillo es desde las ciudades de Chengdú, Katmandú o Golmud, dónde se pueden contratar un circuito a Lhasa.

Conviene informarse debidamente de las restricciones vigentes (llevar fotos del Dalai Lama, por ejemplo, está prohibido) y abstenerse de cualquier manifestación o discusión política, pues pese a su reciente apertura al turismo, China sigue siendo un Estado policial, algo especialmente patente en el Tíbet. También pueden requerirse permisos especiales para desplazarse en el interior del Tíbet.

Se debe ser respetuoso con la población local y -en especial- su culto (el budismo está presente en todos los niveles de la vida tibetana) respetando las norma de los monaterios y templos y absteniéndose de hacer fotografías cuando este prohibido (en algunos lugares se cobra por este privilegio). Si se respetan unas normas mínimas, los tibetanos son un pueblo amable y hospitalario.

 

Lhasa

La capital del Tibet ha experiementado en los últimos años el choque entre una sociedad casi medieval y el mundo moderno. Tradiciones de hace siglos se funden con edificios y costumbres modernas sin que medie ningúhn tipo de transición. El monumento más importante de Lhasa es sin duda el palacio de Potala, residencia del Dalai Lama -actualmente en el exilio- un complejo realmente impresionante que hoy alberga un museo dedicado a la cultura tibetana. Barkhor es el barrio más animado de Lhasa, y en el centro de éste se haya el Jokhang, uno de los templos más sagrados del budismo, alrededor del cual los peregrinos forman un círculo que avanza en el sentido las agujas del reloj, espectáculo que debe ser visto.

 

Los monasterios de la cima del mundo


A algo menos de 80 km de la capital se puede vistar el monaterio de Tsurpu, fundado en 1.159 como sede de los Karmapa lamas, cabezas de la escuela Karma Kagyu, una de las cuatro principales escuelas del budismo. Pese a que el monaterio fue destruido en durante la Revolución Cultural, fue recosntruido en la década de los ochenta.

A unos 130 km al sur de Lhasa se encuentra el monasterio de Samye, que con catorce siglos de historia, el más antiguo del budismo. La distribución del monasterio responde a una estructura muy estudiada: el edificio principal se sitúa en el centro representando el monte Meru, mientras que el resto de edificios representan puntos cardinales del universo budista, todo esto hace que el complejo forme una gigantemándala (diagramas utilizados por el budismo para representar el macrocosmos y el microcosmos).

 

El campamento base


Hace falta recorrer más de 500 fatigosos km para llegar desde Lhasa a Rongbuk, donde se haya el monasterio a mayor altitud del mundo, tan solo 200 metros por debajo del campamento base de la cara norte del Everest y con las vistas más espectaculares que peregrino alguno haya visto. El campamento ofrece sobrecogedoras vistas pero dada su altitud, más de 5.000 metros, toda actividad fisica se convierte en imposible sin la debida aclimatación.

 

La ruta de la Amistad


Los viajeros que no quieran conquistar la gloria en el Everest proseguirán su camino por la Ruta de la Amistad, la carretera de que separa la capital tibetana de deKatmandú, la capital de la vecina Nepal. Un recorrido de más de 1.000 km que se puede contratar en viajes organizados y que garantiza impresionantes vistas y visitas a los lugares más importantes como Shigatse (capital de la región de Tsang donde se encuentra el monasterio de Tashilumpo, fundado por el primer Dalai Lama).

Palacio de Potala